
El teatro de la Laboral acoge el estreno de «El convoy de los 927» con lleno en el patio de butacas
Un momento de la representación de «El convoy de los 927», ayer, en el teatro de la Laboral. marcos león
L. N.
Oscuridad, mucha oscuridad, y el lastimoso sonido de un violonchelo que inunda el patio de butacas mientras unas imágenes proyectadas en la pared adelantan la dureza de una historia que se narra por primera vez sobre las tablas. «Me llamo Ángel y he sobrevivido a dos guerras».
Gijón acogió anoche el estreno de la representación «El convoy de los 927» dirigida por Boni Ortiz, adaptación teatral del texto que Laila Ripoll realizara para la radio a partir del estudio homónimo de los periodistas catalanes Montse Armengou y Ricard Belis. Un teatro de la Laboral con lleno en el patio de butacas aplaudió la puesta en escena de uno de los episodios más trágicos de la historia contemporánea. Con sobriedad y un atrezzo rayando en lo básico, el reparto encabezado por Manuel Pizarro, Marisa Vallejo y Sara Martínez recreó la historia del legendario vagón que transportó a las 927 personas que tuvieron el dudoso privilegio de inaugurar el campo de concentración de Mauthausen.
Una mesa, unas sillas, un perchero y una vieja radio. A su lado, una simbólica frontera que da paso al país vecino, con un simple cartel que reza «Liberté, égalité, fraternité», al lado de una bandera francesa, y una silla más: la del portador del único instrumento que acompaña, en momentos puntuales, el austero escenario. Corren los años cuarenta. Franco gobierna en España y Hitler prepara poco a poco el terreno para dominar Europa.
Una familia española trata de alcanzar la frontera de Francia, segura de que el país de las libertades les dará cobijo. Sin embargo, nada más pisar suelo francés, llega la separación. El padre (Carlos Mesa) y Ramiro (Borja Roces) son enviados a la playa de Argelès-sur-Mer, mientras la madre (Marisa Vallejo), la adolescente Lolita (Arantxa Fernández) y el pequeño Ángel (Sara Martínez), son conducidos a otro lugar. Cuando por fin consiguen juntarse, la alegría no durará mucho. Los nazis han ocupado Francia y los refugiados son requeridos para llevarles a la Francia liberada. «He oído que los alemanes cierran el campo y nos llevan en tren a la zona libre», comenta Lolita. «No son tan malos; no es tan fiero el león como lo pintan», señala la adolescente ante la desconfianza de Ramiro.
Es el punto de partida de una historia puesta en boca del más joven de sus protagonistas, Ángel, sesenta años después, a través de la figura de un narrador. Imágenes históricas sirven de apoyo a la escenificación recreando lo sucedido fuera de las tablas, hace más de medio siglo, y el violonchelo de José Antonio Lago salpica las escenas más significativas. Con una gama cromática prácticamente inexistente, basada en el blanco, el negro y el gris, la producción de Boni Ortiz y Kalatos Producciones obtuvo ayer, en su estreno, el reconocimiento y la ovación del público asturiano.
Entre los asistentes al estreno estuvieron presentes algunos de los familiares de Galo Ramos, avilesino superviviente a la tragedia, cuya historia quedó plasmada en las páginas del libro «Sobrevivir al infierno». La próxima representación tendrá lugar, precisamente, en Avilés, aunque la intención del equipo es hacer llegar a las nuevas generaciones de todo el mundo la tragedia de un convoy que llegó a convertirse en una nefasta leyenda de los libros de Historia.
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